Cine y TV

Los clavos de la crucifixión en polémico documental

Un documental que sigue la emocionante investigación detrás del rastro de dos de los clavos que se usaron para la crucifixión de Cristo está provocando una dura polémica, y eso que aún no se estrena.

Según Los clavos de la cruz (The Nails of the Cross), un documental del investigador Simcha Jacobovici, dos de los clavos de Cristo habrían permanecido en la tumba de Caifás, el sacerdote judío que provocó el juicio del Nazareno, durante dos mil años, hasta su descubrimiento en 1990 gracias a una excavación arqueológica en Jerusalen.

En ese punto, los clavos desaparecieron durante 20 años, hasta que reaparecieron en un laboratorio de Tel Aviv. Para los críticos del documental, que según se realizador es todo “un descubrimiento histórico”, basa su premisa en “en datos empíricos, mucha imaginación y un salto de fe”.

Los expertos califican el material desde “inverosímil” hasta  simple “ardid publicitario”.

No es la primera vez que Jacobovici crea polémica con sus investigaciones: hace algunos años consiguió el apoyo de NatGeo para difundir el supuesto descubrimiento de la tumba de Jesús.

“Lo que mostrarnos al mundo es el mejor argumento arqueológico presentado hasta ahora de que se han encontrado dos de los clavos de la crucifixión de Jesús”, asegura el realizador, si bien reconoce que no puede dar pruebas de que se trata de los clavos auténticos.

Por otra parte, para Jacobovici, si esa era la tumba de Caifás, no hay que ser un genio para suponer que los clavos encontrados provienen de la crucifixión más célebre de la historia.

El documental inicia con los trabajos durante 1990 en la supuesta tumba de Caifás, sitio en donde se hallaron dos clavos que a continuación desaparecieron. Al parecer, estas piezas se ven oxídadas y un arqueados en los extremos.

¿La desaparición de los clavos durante 20 años hasta que fueron a dar al laboratorio de un antropólogo experto en huesos fue parte de una conspiración? Seguramente.

La Autoridad de Antigüedades de Israel, responsable de la excavación de Jerusalén en 1990, asegura que nunca se ha demostrado que aquella fuera el sepulcro de  Caifás, y que los clavos son habituales en las tumbas.

Fuente | La Jornada