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Lucia Etxebarría abandona la literatura por culpa de los piratas

No, no se trata de que la autora de Amor, curiosidad, prozac y dudas proteste en contra de los piratas somalíes que han secuestrado en más de una vez, a ciudadanos europeos. En realidad, se refiere a los usuarios de Internet que se han descargado ilegal y, sobre todo, gratuitamente ejemplares de sus libros. Así es: Lucia Etxebarría promete no volver a publicar en tanto no se regule la situación de las descargas de contenidos ilegales.

La escritora, a través de su pagina de Facebook, ha informado que:

“Dado que he comprobado hoy que se han descargado más copias ilegales de mi novela que copias han sido compradas, anuncio oficialmente que no voy a volver a publicar libros en una temporada muy larga. No al menos hasta que esta situación se regule de alguna manera. A mí no me apetece pasarme tres años trabajando como una negra para esto. Si quiero regalar novelas, haré copias para mis amigos en plan Sebastian Venable”.

La autora, que ingresó a los cursos de literatura española gracias a su novela Beatriz y los cuerpos celestes, ha recibido el apoyo de colegas y lectores a través de FB y otros foros de la red.

La decisión viene provocada por la que considera la razón de las bajas ventas de su última novela:

“Yo cobro por copia vendida. Si se me da un adelanto de derechos de autor, se suele estimar en función de las copias que el pasado libro haya vendido. El último adelanto ha sido sensiblemente más bajo que el anterior, porque “ Lo Verdadero es un momento de lo falso” vendió menos de lo esperado. Eso sí, lo podéis descargar en internet en cinco minutos. Y por eso, precisamente, vendió tan poco.”

Ante las críticas por lo que algunos consideran su mercantilismo, Etxebarria dice:

“Cuando Miguel Angel pintó la capilla Sixtina, se los pagó el Papa Sixto, con la intención no de que esos frescos los disfrutara la plebe, sino solo los doscientos elegidos de la corte papal que se reunirían all. Doscientos, repito. Ni uno más. Esa capilla no era de acceso público. Cuando el Greco, Velázquez o Goya pintaban cuadros, se los compraban o bien el rey o bien miembros de la corte que podían pagarlos, y los colgaban en las paredes de su casa, no en un museo. Cuando Baudelaire escribía, por mucho que preconizara el lema parnasianista de “ el arte por el arte” ( dado que Baudelaire era muy rico y no tenía que trabajar para vivir), el editor le pagaba por las copias vendidas, y de hecho “ Las flores del mal” fue un éxito editorial en su momento y, que la historia sepa, Baudelaire no hizo ediciones de sus obras para repartirlas gratuitamente entre sus amigos artistas ni tampoco donó el dinero de sus derechos de autor a los pobres.”

  • dino

    no te voy a echar de menos