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Maese Pérez, el organista de Gustavo Adolfo Bécquer

Maese Pérez no tuvo una fama repentina a pesar de haber nacido ciego e interpretar cualquier pieza musical que se propusiera en el órgano del convento de Santa Inés ubicado en Sevilla.El tiempo hizo que sus melodías sublimes estuvieran en boca de todo el pueblo y que se extendiera el rumor de su talento hacia los pueblos aledaños.

Lo que más le intrigaba a todos los presentes era cómo el artista lograba que ese órgano viejo y tosco expresara  los sentimientos que  conmueven al alma humana. Todos los años durante la Misa de Gallo su arte llegaba a su punto culmine y año tras años se superaba a sí mismo. Este evento lograba reunir a todos los habitantes del lugar haciendo a un lado diferencias sociales, políticas y hasta viejos rencores.

Ya siendo anciano Maese Pérez ejerció su talento por última vez y falleció en la mismísima Misa de Gallo. Su hija era religiosa y si bien sabía de música el talento de su padre no corría por sus venas.Llegó el año siguiente y al no encontrar un adecuado reemplazo para ejecutar las irreemplazables melodías la madre superiora le rogó a la hija del artista que tocara algo sencillo.

La joven comenzó a ejecutar una pieza simple pero al llegar el momento de la consagración sintió que sus manos se paralizaban. Entonces, el órgano comenzó a sonar solo como si su padre nunca hubiera muerto porque como todo verdadero artista él ejecutaba las piezas con su alma.