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Malditos Bastardos: Tarantino sin cafeína

Hay un paralelismo inevitable entre esta Inglorius Basterds de Tarantino y Eyes Wide Shut de Kubrick: ambos fueron proyectos largamente dilatados en la carrera de sus directores (10 años de preproducción en ambos casos), ambos contaron con figuras de caché (Cruise en aquella, Pitt en esta), ambas se querían análisis de la Europa profunda (el perverso freudiano en aquella, el nazismo en esta), y ambas han dado como resultado versiones rebajadas de la sólida obra de sus autores. Algo que no las convierte en malas películas, sino en obras dignas encerradas en las limitaciones de sus autores.

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Que nadie se llame a error: el trailer de Infamous Basterds contiene un 80% de las escenas violentas del filme y muestra un dinamismo del que la cinta carece. La última obra de Tarantino es una nueva demostración del amor por la verborragia del que fuera empleado de un videoclub y adicto a la serie Z y los spaguetti westerns. Una verborragia verbal y cinéfila, deliciosa, pero que no deja de padecer una inmovilizante elefantiasis.

Y es en esta cinta, los nazis y los bastardos (un grupo de élite comandado por Pitt, y avocado a la tarea de matar a cuantos de los primeros sea posible) hablan tanto o más que los matones neoyorquinos de Pulp Fiction o los gángsters con alma soul de Rerservoirs Dogs. Tarantino permanece fiel a su discurso: la violencia es un tenso hilo de palabras, filosas y deslumbrantes, que preceden al estallido de la violencia física, siempre brutal, breve y fulminante.

A pesar de que la reiteración del recurso degrada a estas alturas (y de que en realidad el grupo de élite cazanazis es una falsa pista, pues apenas son un pintoresco telón de fondo para el verdadero tema de la cinta, que no vamos a revelar, pero que tiene que ver con el poder que los nazis dieron al cine como arma de propaganda), es innegable que Malditos Bastardos es una película disfrutable para los fans y no fans del mayor fan del cine, e incluso contiene dos grandes hallazgos que hasta el más grande detractor de Tarantino deberá reconocer. Y ambos tienen que ver con el mayor mérito del estilo tarantinesco: el increíble oído musical del enfant terrible.

Uno de ellos es el rostro de un granjero francés que espera la llegada de un oficial nazi, con la campiña y Ennio Morricone de fondo. El segundo son los preparativos de Shosanna para la gala cinematográfica, en su vestido rojo, y musicalizada con  Cat People de David Bowie. Sólo Tarantino puede atreverse a ese sincretismo que vuela por los aires la tradición cinematográfica por los aires, y salir airoso.

Imagen | Hugo Zapata

  • diegofisher

    Resulta desalentadora la perplejidad (en el sentido más negativo) que “Inglourious Basterds” provoca en los que ya la han visto. Muy interesante tu comentario. Aún así, sigo perdido, no se que esperar de la peli, ¿acaso es lenta?, ¿demasiado verbal, incluso para el rey de la verborrea?, ¿es “decepcionante”?… Quizás demasiado mascada… y remascada, estoy deseando salir de dudas.

  • Oscarluv

    No es decepcionante, pero no está por encima de Kill Bill, por ejemplo.

  • http://blogestrenos André

    Hay como criticar la expresión?

  • http://blogestrenos André

    porque la expresión es íntima, el resto puedo interpretarlo a su manera.