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Más términos que la ciencia debe a la ciencia ficción

Antes de que el primer cohete saliese de la órbita terrestre, antes de que supiéramos que hay grande planetas compuestos casi exclusivamente de gas, los escritores de ciencia ficción nombraron eso que a ciencia aún estaba a décadas de descubrir.

Espacio profundo. La idea de que el espacio entre las estrellas está compuesto esencialmente de vacío proviene de una novela de ciencia ficción, escrita en 1934 por E. E. “Doc” Smith, región a la que llamó “espacio profundo”. La ciencia usa este término para definir lo que hay más allá de la atmósfera terrestre.

Impulsado por iones. En su novela The Equalizer, de 1947, Jack Williamson propone un tipo de nave especial que se impulse mediante la emisión de partículas cargadas, una tecnología que comenzó a probarse en los años setenta.

Traje de presurizado. Esta tecnología (una escafandra que mantiene una presión estable alrededor de quien lo lleva) se ha convertido en una herramienta útil en las condiciones extremas de las grandes profundidades marinas, los vuelos a grandes alturas y los viajes espaciales. Y debemos esta idea a (otra vez) a E. E. Smith.

Virus. La pesadilla de todos los usuarios de tecnología digital: los virus informáticos fueron definidos (en una comparación entre la mecánica de infección de los virus biológicos y la de estos programas auto replicables) por Dave Gerrold en una historia publicada en 1972:  When Harlie Was One. Su variante, el gusano (worm) fue nombrado por John Brunner en su novela de 1975, Shockwave Rider. Un curso de literatura te permitirá conocer estos y otros clásicos de la ciencia ficción.

Gigante gaseoso. Los grandes planetas, como Júpiter y Neptuno, están compuestos en su vasta mayoría, por gas, por lo que se les llama “gas giants” (“gigantes gaseosos”), con un término acuñado por James Blish en su Solar Plexus.