Noche y Gastronomia

Mercados gastronómicos: la nueva tendencia

Grill chees hut on Prague Christmas market

Comer en el mercado se nos puede antojar extraño en España, pero tiene interesantes ejemplos fuera de nuestras fronteras en lugares como Boston donde en su famoso Quincy Market se degusta esa universal sopa de almejas que es punto obligado de visita en todas sus guías o en el mismo Tokio en su inabarcable mercado de pescado Tsukiji, donde podemos disfrutar de un delicioso y fresquísimo sushi aprovechando la cercanía de las capturas que tan temprano se subastan en aquel lugar.

El referente en nuestro país siempre había sido hasta ahora ese colorista y excepcional ejemplo barcelonés de La Boquería. Festín de olores y colores donde las más variadas verduras y frutas juguetean con las cientos de variedades de setas, o pescados. Entendido como mercado de toda la vida y manteniendo el encanto de sus puestos de antaño, en La Boquería existía la deliciosa norma de poder comer junto al género en locales diminutos y abarrotados que preparaban recetas tradicionales con los productos de sus primos tenderos. El mejor ejemplo de esto era y es Pinotxo, ese pequeño reducto para barceloneses de toda la vida y turistas ávidos de autenticidad.

Una aproximación muy diferente la tuvimos en Madrid con la remodelación del céntrico Mercado de San Miguel. Aquí los puestos de siempre han dejado paso a espacios delicatesen donde probar desde unas ostras hasta el mejor de los productos ibéricos. Una idea que ha calado de modo magnífico en una ciudad que no tenía un concepto similar hasta hace unos años. En el mismo modelo, pero en un espacio habilitado al efecto al calor de esta moda, en Isabella, el mercado junto a Nuevos Ministerios, encontramos dos plantas de puestos que cubren todo el abanico de delicatesen, desde mariscos a comida internacional. Bajo nuestro punto de vista se pierde aquí el encanto de la referencia del mercado antiguo que da ese toque de nostalgia y tradición y la idea resulta más fría y con menos empaque.

En un concepto intermedio, el éxito del Mercado de San Antón en Chueca, se ha basado en saber compatibilizar ambas fórmulas en un espacio en tres plantas donde conviven separados los puestos de toda la vida, con las opciones gourmets para el tapeo y un restaurante más sofisticado en su ático.