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Mi nombre es Harvey Milk: Sean Penn en estado de gracia

Mi Nombre Es Harvey Milk Sean Penn En Estado De GraciaExisten dos tipos de actores. Por un lado están los que nunca de ser ellos mismos (como Al Pacino o Antonio Banderas), y cuya técnica consiste en poner cuerpo y carácter al servicio de un personaje, pero permaneciendo bien visibles bajo la superficie. Es el tipo de actor más popular y querido. De la clase que uno dice “vamos a ver una pelicula de…”.

Hay otra estirpe de actores, no tan popular, que se trasmuta con cada actuación, y se funden a tal punto con los personajes que interpreta que se vuelven invisibles. Hablamos de gente como Marlon Brando o Javier Barden. Y como Sean Penn. Actores de los que se dice “vamos a ver una película con…

Si hay algo que destaba en Milk (traducida como Mi nombre es Harvey Milk, no sea que los hispanohablantes nos pensemos que se trata de un documental sobre la industria lechera), es la actuación soberbia de Sen Penn. Milk, la biopic Gus Van Sant sobre el militante gay que inició la lucha por los derechos humanos de ese colectivo en San Francisco y logró bloquear una ley (la Propuesta 6) que permitía al estado despedir a cualquier maestro homosexual, es un mero pretexto para que Penn muestre su increible oficio al poner voz y cuerpo a un personaje clave en la contracultura política de los setenta estadounidenses.

Penn construye un personaje extremo lejos de los estereotipos sobre los gays y los políticos: no hay ni amaneramientos ni grititos, ni grandes discursos o frases hechas, sólo un hombre dispuesto a cambiar las cosas desde dentro con las armas de la gestión (el manejo de la imagen y la descarada manipulación), y logra hacerlo entrañable.

Certera recreación histórica del naciente barrio de The Heights en San Francisco, lejos del planfeto y el homenaje, Milk es, además de una cátedra de actuación, un ejemplo de un cine militante que no veíamos desde hace años, y acompaña muy de cerca al Che de Soderbergh: el retrato de dos figuras claves de movimientos sociales libertarios, en el que el hombre se confunde con las ideas, y las ideas hacen transparente al hombre.

Imagen| Popsquire