Música y Teatro

Miguel Ríos y la SGAE

¿Cómo sigue la trama de la Sociedad General de Autores y Editores? Tras la intervención policial de la sede, las acusaciones contra alguno de sus directivo de cuantiosos desvíos de fondos y la celebración de elección, se celebró en Madrid una de las primeras asambleas tras el escándalo, y Miguel Ríos, el abuelo del rock español, salió a relucir por un lance contra alguien que le insultaba.

Ante la difusión de ese percance (“un episodio muy raro en mi vida”, que “no se repetirá), Rios escribió y publicó en El País una crónica de la La Asamblea Extraordinaria de la SGAE, celebrada esta semana en el Salón de Actos del Ilustre Colegio Oficial de Médicos, que nos parece harta interesante po que da, al fin, una mirada de un autor en funciones acerca de todo este tema del canon digital, la piratería y los chicos de Teddy Bautista.

Para Ríos la SGAE es “probablemente la marca más desprestigiada de España”, si bien reconoce su valía y la necesidad de “refundación de la maltrecha casa de los autores patrios”. Hace un mea culpa de los miembros que, como él, se saltaban las Asambleas, y dejaron en manos de otra a la organización que “se había equivocado demasiado, que había vivido en una insoportable arrogancia, bajo la égida de un tipo que empezó muy bien y terminó detentando un poder tan omnímodo que, cuando lo conminaron a que dejara el puesto de Presidente del Consejo de Dirección después de haber sido encartado por un juez por no sé cuántos presuntos casos ilegales, les dijo, a lo Flaubert, la SGAE soy yo”.

Miguel Ríos no tiene empacho en llamar a las cosas por su nombre en lo que se refiere al papel que los autores jugaron en la situación y abusos de la SGAE: “Nos merecíamos lo que nos había pasado por dejadez, por no haber acudido casi nunca a las asambleas, por no haber atendido las voces de alarma que alertaban de compras de teatros en medio mundo, de edificios y de estudios de grabación, de contrataciones caprichosas y de cierto círculo de amistades próximas al poder, de sueldos y planes de pensiones disparatados.”

Y hace un resumen de la situación de la sociedad autoral y del momento que pasa el vapuleado derecho de autor acechado por “intereses concretos”, los de “operadores que ofrecían lo que no poseían, internautas del gratis total y algunos medios de comunicación que frivolizaron con la piratería hasta que empezaron a padecerla”. Y lamenta de parte de la SGAE, sumida en una falta de sabiduría empresarial, su “falta de cintura ante estos casos, la ausencia de una política de comunicación que tratara de explicarle a la gente, a nuestro público, que todos los oficios tienen que ser recompensados con un salario.”