Música y Teatro

Northern Soul, música negra al servicio británico (Primera parte)

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Si bien los géneros musicales llevan por nombre los caprichos u ocurrencias de aquel que se aventuró a ponérselo primero, pocos estilos tienen un mote con una procedencia tan particular como el northern soul. Mientras algunos hacen referencia a una característica implícita del género (hard rock), otros a la imaginación de algún periodista (punk) o a su lugar de procedencia (brit-pop), el northern soul no abreva en ninguna de esas fuentes.

Simplemente se llama así porque es el tipo de soul que los disc jockeys del norte inglés pinchaban en los clubes para hacer bailar a su público. De esos mediadores entre el disco y la gente que son los musicalizadores depende. Si ellos han preferido poner un disco y no otro, pues el que ha hecho mover a las multitudes se convertirá en un integrante del selecto grupo del northern soul. Así de fácil.

De todos modos, el northern soul tiene sus características propias, como todo género. La primera y fundamental premisa es que debe ser bailable. Así, fuertes secciones de vientos, ritmos frenéticos y aires de música beat han hecho felices durante décadas a los entusiastas de un estilo de música que no conoce de tiempos ni edades. En el northern soul las figuras son las canciones, no por nada es un género de simples y no de discos.

Los cantantes nunca llegan a tener la personalidad vocal de un Isaac Hayes o un Curtis Mayfield, los temas rara vez superan los tres minutos y la diversión es la materia clave de la cuestión. Poco importa la procedencia del artista. Puede haber sido una ignota banda de Philadelphia como un importante artista de sellos como la Tamla Motown o Stax. Por eso mismo se mezclan sin prejuicios nombres relativamente conocidos, como los Ohio Players o Gladys Knight, con otros ilustres desconocidos que no pudieron grabar más que algunos simples, tal el caso de The Valentines o Lorraine Chandler.

Imagen: Phil Spector

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