Música y Teatro

Northern Soul, música negra al servicio británico (Segunda parte)

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Sin los clubes nocturnos de por medio, el northern soul sería absolutamente nada. Durante los años 60s, tiempos de máxima gloria de la movida, los locales reventaban de jóvenes con ganas de sacudir los pisos de madera. De ese modo, el Wigan Casino, el Torch, el Twisted Wheel o el Heart of England Soul Club adquirieron dimensiones míticas en ciudades como Manchester o Birmingham, epicentros de la movida.

Desde la debacle de la subcultura mod a mediados de los 60s hasta el apogeo del mod revival, a finales de los 70s, el northern soul y sus clubes representaron un bastión de resistencia para todos aquellos que se negaban a abandonar sus tradiciones. Es por esto que su supervivencia a través del tiempo solamente es explicable mediante la lealtad que tienen los británicos hacia sus usos y costumbres. En cualquier otro país se hubiese echado a perder en cuestión de unos pocos años.

Otra de las peculiaridades que tiene el northern soul es que jamás pasó de moda, como así tampoco logró ser masivo en sus más de 40 años de historia. Es la representación más acérrima de las predilecciones de cierta juventud británica, emparentada con la movida mod y con un culto que bordea el esnobismo. Los simples de northern soul suelen ser carísimos e inhallables. De hecho, después del mercado de la psicodelia, es tal vez uno de los que mayores cifras maneja por un simple pedazo de vinilo con un agujero en el medio.

Tal es el fanatismo que los seguidores de la movida northern soul tienen por esos simples que pueden llegar a pagar más de 8000 dólares por uno de los Magnetics o 7600 por el “Huh baby” de los Prophets, dos de las figuritas difíciles del género. Un gusto que sólo pueden darse unos pocos y fieles privilegiados. Esos que han logrado mantener viva la llama de una movida tan oculta como extendida en el tiempo.

Imagen: Funky 16 Corners

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