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Personaje de una de sus novelas pierde demanda contra García Márquez

No corren buenos tiempos para la ficción, no por lo menos en los juzgados colombianos, en los que se ha dictado una sentencia en la que se desestima una demanda lanzada por uno de sus personajes contra un autor: Gabriel García Márquez no tendrá que resarcir a uno de los protagonistas de Crónica de una muerte anunciada.

El 21 de enero 1951, Miguel Reyes, se casó en Sucre, en el norte de Colombia, con Margarita Chica. Tras la fiesta y una breve visita a la recámara nupcial, Reyes devolvió a la novia, pues había constatado que no era virgen. Margarita develó el nombre del culpable de su desgracia, un joven que fue asesinado poco después para lavar la honra familiar.

Esta reseña la sabemos todos los que hayamos tomado un curso de literatura latinoamericana: se trata, a grandes rasgos, y con otros nombres, del argumento la novela, publicada en 1982, del premio Nobel colombiano: Crónica de una muerte anunciada. Una obra que García Márquez reconoció basada en hechos reales, una especie de híbrido entre realismo mágico y periodismo.

Miguel Reyes demandó hace décadas al autor de Cien años de soledad bajo la premisa de que él era Bayardo San Román, el esposo que rechaza a la joven en Crónica…, y que el novelista lucraba con su historia personal. Pedía, nada menos, que el 50% de las regalías obtenidas por la obra.

El juzgado de Barranquilla ha desestimado la demanda de Reyes, aunque ya hace algunos años había recibido una primera derrota.

Sobre el tema, en su momento García Márquez dijo: “Salvo el simple mecanismo del drama, todo el contexto es totalmente falso, inventado por mí. La identidad de los personajes es falsa. Los caracteres de los personajes son falsos, salvo los de mi familia, que yo quise que fueran auténticos, y todos los episodios que estaban alrededor del drama mismo obedecen a una técnica primordial del arte de novelar, que es tomar de la vida real sólo los elementos que a uno le interesan desde el punto de vista dramático y humano y volver a armarlos en el libro como a uno le parece que será mejor para hacerles la vida más amable a los lectores”.