Música y Teatro

Placeres desconocidos: The Times (Tercera parte)

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Cuesta creer que los Times no ocupen un lugar de privilegio en los anales de la historia musical. Encarnaron la mejor faceta revivalista del rock inglés de los sesentas pero “pecaron” de no ser una banda de género. Precedieron a la generación C-86 –esa donde asomaban Primal Scream, Wedding Present o los Pastels- pero escogieron vivirla de forma paralela. En “beat torture” (1988) se dieron el gusto de sonar como unos Smiths cabezoides, pero claro, los Smiths ya existían. Los comienzos de los noventas los encontraron parados cerca del shoegaze, pero ya estaban demasiado curtidos como para andar juntándose con My Bloody Valentine, Slowdive o Ride.

Si queremos seguir sumando razones, todavía quedan: Alan McGee -dueño del sello Creation, mentor de Oasis, miembro fugaz de los Times y tantas cosas más- jamás se cansó de hablar maravillas de ellos. De hecho no duda en citarlos como una influencia decisiva a la hora de encarar su propia casa discográfica, con la que cambiaría el rumbo de la música británica.

Pero la mala suerte persigue a cualquiera. ¿O cualquiera persigue la mala suerte?. Suena más a esa segunda opción. Los Times siempre estuvieron mal parados, a trasmano, como esa gente que se resiste a cruzar la calle por la senda peatonal y escoge hacerlo por el medio. Seguramente a Ed jamás se le pasó por la cabeza el hecho de ser un tipo famoso. Solo quería hacer canciones para que el tiempo, si hacía falta, ejerciera el camino contrario a su destino. ¿Importan realmente el reconocimiento justo o las tardías palmadas en la espalda?. Lo que importan son las canciones, y los Times las tenían a patadas.

The Times son grandes, de eso no hay dudas. Y no por haber sido Edward Ball el primer músico en aparecer en la pantalla del Stamford Bridge, estadio del Chelsea de sus amores. Lo es porque supo como pocos captar la esencia de su tierra. En los Times se huele el ente londinense a flor de piel: aquel tinte cuasi hooligan que tenían los Jam de los comienzos, el acento totalmente cockney y arrastrado de Ball, las múltiples referencias a la capital inglesa que hay en sus canciones. La melancolía, la dejadez, el amor y la adolescencia. La niebla, la humedad, el fútbol y el humo del pub. Inglaterra los formó a su gusto y antojo, de eso todos podemos estar seguros.

Primera parte | Placeres desconocidos: The Times

Segunda parte | Placeres desconocidos: The Times

Imagen: Wikipedia