Cine y TV

Por qué deberíamos eliminar el 3D para siempre

En el 2010 vimos la invasión de las gafas en las multisalas del planeta. Para este 2011, ya se habla de canales de televisión dedicados únicamente a las imágenes tridimensionales, y los títulos con este recurso se multiplican como un gancho para atraer al público. Pero…

No es nada nuevo

El 3D ha intentado copar la pantalla en varias ocasiones a lo largo de la historia del cine. El hecho de que James Cameron venga a decirnos que es “la punta de la tecnología” no cambia en nada el hecho de que hoy como hace treinta años la tecnología para producir la sensación de profundidad en la pantalla es la misma.

Produce dolor de cabeza

El 3D no es tanto una herramienta tecnológica como un engaño de los sentidos: se crea una ilusión que hace sentir a los ojos que estamos “dentro” de un espacio. Sin embargo, el resto de nuestros sentidos desmiente esa impresión. De ahí que en un primer momento sea difícil ver una cinta en 3D, pues todos nuestros sentidos deben volverse cómplices del engaño. Esta lucha que tiene por arena nuestra cerebro, tiene como resultado dolores de cabeza, mareos y, en los adictos, posibles daños neurológicos con una perdida en la capacidad de decodificar el espacio visual real.

Es cinematográficamente gratuito

En realidad no es nada barato: puede multiplicar el costo de una entrada al cine (sin que los exhibidores hayan invertido un centavo en mejorar sus salas). Y tiene otro costo: en narrativa. Para lucir el recurso, muchas cintas ralentizan sus tramas para que la baba del mobstruo o la sangre de los extras salte sobre el espectador. Los casos de películas que ante la moda tuvieron que reconvertirse al 3D (Como la Alicia de Tim Burton o The Last Airbender), perdiendo definición en su imagen sólo apoya esta idea de lo innecesario del recurso.

El cine dejo de ser una atracción de feria apenas y fue creado por los Lumiere.

Imagen | Gear Log