Cine y TV

Por qué no debería desilusionarte que Lost no resuelva todos sus misterios

Este domingo Lost (Perdidos) llegará a su final, y será un hecho lo que todos los seguidores de la serie han venido temiendo: que muchas de las preguntas abiertas por la serie se queden sin respuesta. Sin embargo, hay buenas razones para no dejarse llevar por el desencanto, y asistir felizmente a un último episodio de dos horas y media.

1. Las series siempre se han acabado sin precio aviso, y siempre muy pronto, dejando decenas de cuestiones sin resolver

2. Las series no están hechas para los grandes finales, sino para continuar para siempre. Lo mejor de ellas siempre ha sido el cliffhanger, no la conclusión

3. Lost no es una serie común: sus tramas nunca han girado sobre temas que se puedan resolver cabalmente (un asesinato, una cura, una conspiración), sino sobre la esencia misma del misterio. De esa manera, en esta última temporada, y en sus seis años de vida, se ha esmerado en contar lo que había antes del misterio, y no en el misterio en sí mismo. Y esta zona gris no ha hecho más que crecer lejos de reducirse a una simple pregunta. El misterio en Lost es una metástasis que devora al mundo y su certidumbres

4. El factor del oso debería ser suficiente para convencernos de la inutilidad de responder las preguntas: la imagen de un oso polar en una isla tropical es poderosamente sugerente, no así se explicación: se trata de un experimento. La explicación banaliza el misterio. Escribe nombres en una caverna, repite números misteriosos, juega con el tiempo, y tendrás magia. Explícalos, y llega el turno de una ciencia banalizada

5. ¿Qué hace toda ese gante en la isla? Como responde Robert Lloyd, de Los Angeles Times: Están ahí por ti.

Fuente: Los Angeles Times