Cine y TV

¿Deberíamos demandar a los cines por el precio de las palomitas?

Cualquier cinéfilo y padre de familia sabe que la peor parte de ir a cine, el mayor atentado a los bolsillos, proviene del gasto en comida: palomitas, refresco, algún snack, etc. El precio de los alimenos en las salas de cine no sólo dobla el precio de la entrada, también está muy lejos de lo que otros establecimientos cobran por esos mismos productos de escasa elaboración, ningún valor alimenticio y cuestionable conveniencia.

La gran pregunta es si necesitamos realmente llevar alimentos a la sala de cine (los ruidos de las envolturas y los sonidos de las masticación nos ponen los pelos de punta, pero bueno). Hay casos en los que no queda otro remedio: ¿Es posible pasarse las dos horas y pico de Piratas del Caribe sin comer algo?

Dejando de lado las necesidades fisiológicas, los cines aseguran que necesitan de estos ingresos para sobrevivir. Según sus estudios, sólo los ingresos en comida les permiten mantener los precios de las entradas “bajos”. ¿Qué querrán decir con bajos?.

En fin: la cosa es que en los Estados Unidos, Joshua Thompson, un sufrido cinéfilo ha demandado a una cadena de cines por cobrarle 86 dólares por palomitas y una  Coca Cola. Los abogados no ven futuro a  la demanda, pero deberíamos seguir su ejemplo: algunos cines no permiten la entrada de otros alimentos a las salas, y eso es una descarada practica monopólica, por no mencionar que se trata un impulso a la comida basura.