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Resacón en las vegas 2: Ahora en Tailandia (crítica)

Antes que la inventiva, los responsable de The Hangover prefirieron la seguridad de lo ya probado, y para la segunda parte de su exitosa comedia, apostaron por el mismo esquema a la “Tío, ¿dónde está mi auto”: los cuatro amigos de la primera parte se lanzan a una boda (esta vez se casa el dentista) en Tailandia. El desastre se anuncia cuando el novio se ve obligado a invitar de nueva cuenta al disfuncional y adicto del grupo (un Zach Galifanankis cada vez menos gracioso y más escatológico). El desmayo y la amnesia están garantizados de nuevo.

The Hangover 2 decide elevar el tono de lo que sabe le gusta el público: la incorrección política, el humor escatológico y una variedad de penes exóticos (se ve el micro de un oriental y el muy grande de un transexual).

Si la primera parte era un virtuoso ejercicio a la Ciudadano Kane de las piezas de un rompecabezas delirante (¿Por qué hay un tigre, un bebé y un gallo en un hotel?), la segunda parte basa casi su comicidad en la presencia de un mono con una cazadora de los Rolling Stones y en el choque cultural que produce la mirada americana sobre la mugre y la marginación social de aquellas costas (hay incluso un chiste sobre la compra de un niño).

Vista Resacón en las Vegas 2: Ahora en Tailandia sorprende que elenco y productores no haya seguido adelante con el programado cameo de Mel Gibson. La película exuda toda ella un espíritu tan gibsoniano que pudo haberla escrito el otrora Mad Max.

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