Noche y Gastronomia

Restaurante Saika: una rara avis en la sierra de Madrid

Detalle saika

Hay restaurantes que son una rara avis en el entorno donde están ubicados. Una especie de verso suelto en medio de una esperable partitura que a veces nos regala notas inesperadas o atípicas.

Este es el caso del restaurante Saika, en el serrano pueblo de Mangirón, muy cerca de Buitrago, al norte de la Comunidad de Madrid. En una zona donde el predominio de las carnes rojas y las apuestas clásicas cubre la mayoría de las cartas de los lugares donde poder comer, en Saika, ubicado en un precioso chalet que hace también las veces de hotel rural,  disfrutamos de una carta internacional con toques libaneses y fuerte presencia de las cocinas asiáticas.

En un espacio hermoso y perfecto para una comida sosegada y una sobremesa aún más relajada, encontramos un comedor de amplios ventanales con vistas a las montañas, que nos transporta a un escenario idílico para dar rienda suelta a nuestros sentidos.

La carta es corta pero nos sorprende con creaciones llenas de mimo, sofisticación y cuidado. Platos bien facturados donde los detalles no chirrían sino que complementan una apuesta por la nitidez de los sabores y la buena terminación de las propuestas.

Para comenzar, unas muy buenas croquetas de boletus y shitake, aperitivo del festival fusión que llegará. Grandes gyozas, esas empanadillas a la plancha de carne y verduras que son un ejemplo de delicadeza para el paladar y un excelente tartar de salmón con salsa de ciruelas, que sorprende por su original combinación de texturas y sabores.

La tempura de verduras, facturada con maestría, puede ser una buena opción para aquellos que deseen una comida ligera. Más tradicionales aunque muy sabrosas, son sus carrilleras con pastel de patata y con un toque oriental que convence, su cordero guisado al curry o su magnífico magret de pato con salsa de soja y cítricos.

Sushi por encargo con hallazgos como los ura-makis de shitake y sésamo y postres caseros que van variando según la temporada.

En resumen, una extraña y valorable especie en medio de un entorno insuperable.