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Series que debes ver: Downton Abbey

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La vida detrás de una vasta casa inglesa. La vida de una casta inglesa desde el punto de vista de su gran cuerpo de sirvientes. La vida en el principio de siglo, cuando la vida de la aristocracia inglesa está por ponerse a prueba en lo que, a la larga, va a ser su decadencia.

Nada, pues, que no se haya visto en otras producciones sobre este periodo histórico, pero Downton Abbey (nombre de la ficticia de un lord inglés, el Conde de Grantham) rebasa a todas en el cuidadoso trazo de su época y de sus personajes, sacudidos por vientos de cambios a lo que no podrán sobrevivir de una pieza.

La serie (cuya primer temporada se transmitió por Antena 3, y cuya segunda temporada se ha anunciado para este otoño) sigue la vida de los Crawley, en una vasta casa y con una fortuna que por arreglos matrimoniales no les pertenece, y las intrigas y sacrificios de su equipo de sirvientes.

Es imposible saber qué deslumbra más de Downton Abbey. Si se trata del cuidadoso trazo e interpretació de sus personajes: el patriarca Robert Crawley (Hugh Bonneville), un cazafortunas reformado que, obligado por el honor, está por ceder la fortuna de su familia a un desconocido; su esposa Cora (Elizabeth McGovern), ambivalente entre la lealtad al conde o velar por el futuro de sus hijas; Mary (Michelle Dockery), la mayor y en busca de un esposo que le permita conservar su estatus, Edith (Laura Carmichael), la “fea” y en disputa eterna con su deslumbrante hermana, y Sybill (Jessica Brown-Findlay), convertida en feminista rebelde… Todos ellos rodeados y cobijados por un equipo de criados donde destaca el rígido mayordomo Charles Carson (Jim Carter) y el misterioso y lisiado de guerra John Bates (Brendan Coyle), alrededor de los cuales se mueven intrigas, traiciones, y las aterradoras complejidades del espíritu humano.

Y si no son los personajes, la factura de la serie termina por convencer al espectador más resistente: Dowtown Abbey combina el metículoso estilo narrativo de Jane Austen con la velocidad de una soberbia edición que nos mantiene (como en los mejores culebrones) al borde de la butaca tras de ver quien ha besado a quien…

Un atractivo adicional: Maggie Smith en el papel de la ácida, clasista y muy aristocrátiva madre de Robert Crawley.

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