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The Cove: Los asesinos de Flipper

Richard O´Barry está por ganarse un altar en la lucha freaky-ecologista. Lo tendría sólo por su currícula: en los setentas, atrapó y entrenó a las cinco hembras que interpretaron a Flipper en esa serie que convirtió al delfín en la quintaesencia del buen rollito animal. De hecho, el trabajo de O’Barry fue seminal en la creación de la figura del entrenador, tan glorificada en los parques temáticos cuando se montan en la nariz de estos mamíferos o los hacen saludar elevándose por encima del agua.

Años después, cuando Cathy, una de las impersonadoras de Flipper, cometió suicidio (estos mamíferos pueden dejar de respirar a voluntad), O’Barry cayó en cuenta del daño que había provocado al crear un negocio basado en el cautiverio y la esclavitud de seres inteligentes (un delfín produce beneficios por un millón de dólares al año). Entonces abandonó su rentable empresa de entrenamiento de delfines y se lanzó a una cruzada que le valió el ostracismo hollywoodense, arrestos y amenazas de muerte: liberar a todos los delfínes prisioneros en los parques de diversiones del mundo.

Pronto le quedó claro que resultaba inútil luchar contra los consumidores: debía atacar al sistema de distribución de delfines, y hacerlo desde dentro. Con ese fin se mudó al centro del tráfico con delfines: Taijin (Japón). Ahí, O´Barry no sólo se encontró con la opocisión de pescadores y autoridades para frenar el jugoso negocio de la captura de delfines. Además descubrió lo que le ocurre a los cientos de cetaceos que no son elegidos por los representantes de los parques acuáticos.

The Cove (La Cala, 2009) es el testimonio de la lucha de O´Barry y de un puñado de hombres y mujeres pór detener una barbarie que no sólo atenta contra el mínimo sentido de civilización, sino que es un síntoma de la más descarada y enfermiza depredación ambiental.
httpv://www.youtube.com/watch?v=67vNax7Nsf8

Con el pulso de una película de aventuras, The Cove muestra la infiltración de O’Barry y un equipo de expertos en efectos especiales, músicos, cineastas, surfers y marines a ese pueblo decorado con efigies de delfines y ballenas para montar equipos de audio y vídeo en la siniestra cala del título, y grabar una masacre que ocurre cada septiembre. El último tramo del filme se compone de imágenes que conmueven hasta a las piedras: la sangre que oscurece las aguas, las crías que saltan inútilmente sobre las redes, …

The Cove es también una radiografía de la depredación corporativa, donde el menor de los males es la entrega de carne de delfín contaminada con mercurio a los colegiales japoneses y el sorborno a economías quebradas para que voten a favor de la caza de cetáceos.

En uno de los testimonio de The Cove un antiguo entrenador de delfines asegura que el único intento por comunicarnos con los delfines ha consistido en enseñarles el lenguaje de las señas que emplean sordos y mudoscuando lo delfines no tienen manos.

The Cove es la oportunidad de escuchar lo que tienen que decir.

Web: The Cove
Imagen: Vimooz