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The Walking Dead: el mejor piloto de la historia

Ignoramos si el piloto de la serie basada en el cómic escrito por Robert Kirkman, y dirigida por Frank Darabont, va a rivalizar con la exótica espectacularidad del primer episodio de Lost (Perdidos) o con la cuidada recreación del Estados Unidos de la Prohibición de Boardwalk Empire, pero fuera de sus impresionantes valores de producción, y en lo que emoción y a pulso narrativo se refiere, la nueva serie de zombies de AMC se perfila como un nuevo clásico.

Tras un periodo de inconsciencia debido a una herida de bala, Rick Grimes (Andrew Lincon), un ayudante de alguacil, despierta en un hospital vacío. O eso parece: en los pasillos hay señales de una lucha terrible, el cuerpo semiderovado de una enfermera y sobre la puerta de la morgue, cerrada a cal y canto, lee un mensaje: NO ABRIR. MUERTOS EN EL INTERIOR.

Cuando sale a las calles de su paradisíaco pueblito de casas de madera, encuentra que el mundo se ha convertido en un páramo donde unos cuantos sobrevivientes resisten el acoso de lo que llaman los caminantes: muertos vivientes.

Tras visitar su casa, cree que su mujer y su hijo han escapado a Atlanta
(el sitio que le cuentan, antes de que se perdieran las transmisiones radiofónicas, se anunciaba como un refugio protegido por el ejército). Sin más, y tras agenciarse un caballo, se da ala tarea de encontrarlos… Suerte de road movie, The Walking Dead nos ofrece alguno de los paisajes más aterradores sobre el fin de la civilización: para la antología, la escena donde Grimes cabalga a contrapelo de una carretera abarrotado de autos vacíos.

Lo que hace diferente a The Walking Dead
de otros relatos sobre zombies es el sustrato del que proviene: un magnifico cómic que se ha respetado en su esencia, y que se aleja del susto fácil y el snuff para ofrecernos un poderoso relato sobre la compasión y la humanidad.

Emparentado con The Road (La carretera) de Coman McCarthy, The Walking Dead es la historia de un padre
que debe atravesar una zona devastada por la crueldad para poner a salvo a su pequeña familia, no sólo de los zombies, sino de que sus corazones y actos sean pasto de la Ley del más fuerte. ¿Cómo ser bueno en un mundo cruel? He aquí una posible respuesta.

Fuente | En Platea