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The Walking Dead en parón hasta febrero: nuestro balance

Ha pasado la primera tanda de episodios de The Walking Dead, la serie de muertos vivientes que en su primera temporada marcó un nuevo fenómeno, y que en sus primeros episodios más bien nos dejó con una sensación de insatisfacción por una lentitud narrativa y un trazo grueso de los personajes y las situaciones que nos hizo sentir que la decisión de apartarse del hilo original de la historieta de Robert Kirkman no fue la más decisión más inteligente.

He aquí el balance de la primera mitad de la segunda temporada de The Walking dead

1. La granja. Nos parece que, de entrada, se ha dado demasiada importancia a una anécdota que carece de fuerza, y que en el cómic sólo dio para un número. La obsesión de Hershel por dar a los zombis una dimensión humana, de enfermos que merecen tratamiento, no se explora en toda su dimensión, y queda apenas como un apunte en el último episodio.

2. La niña perdida. Buena parte del interés de la serie en esta segunda temporada era la desaparición de Sophie, la niña del grupo.  Al extender su búsqueda por cinco episodios (y con lo insufrible que es su madre) sólo se generó tedio. Si bien al final del sexto episodio se produjo una terrible sorpresa al respecto, la cosa fue demasiado lenta.

3. Los renegados. Shane y Andrea han sido pintados en esta segunda temporada como un par de sociópatas (algo que ha pagado muy caro el pobre Otis). Shane, rapado, nos gusta como un red neck sicópata, dividido entre el amor y el odio a Rick. Su estallido final en la granja ha sido lo mejor de esta segunda temporada. Andrea, por su parte, es tan poco creíble en su maldad que ni siquiera a los productores les importo que le metiera un balazo a Daryl.

4. Lori. Cada vez se parece más a un zombi. Alimenten a esa chica, por Dios.