Cine y TV

¿The Walking Dead pierde fuelle?

Tras un primer y dslumbrante episodio, la segunda y tercera parte (de las seis programadas) de The Walking Dead nos pusieron a pensar si, una vez más, no habíamos echado las palmas al vuelo antes de tiempo. Y es que entendemos eso de “una serie de zombies con corazón”, en donde el trazo de los personajes, la compasión y la humanidad son vitales, a diferencia de la última camada de películas sobre muertos vivientes, pero a pesar de algunos buenos momentos (la confección del “disfraz zombie” de Guts va a quedar como una de las escenas más gore de la historia televisiva), las idas y vueltas del pequeño grupo de sobrevivientes se parecían más que a un estudio de personajes, a una falta de pulso y creatividad, un enorme quiero y no puedo. Algo notorio sobre todo en el tercer episodio.

De hecho, tenemos que reconocerlo, y habiendo leído el cómic original (al que Frank Darabot, creador y uno de los guionistas de la serie sigue fielmente) pensamos en abandonar, pues sí una serie de 6 episodios se permite desperdiciar dos…

Sin embargo, le concedimos una oportunidad al episodio cuatro,
“Vatos”, y debemos decir que todas nuestras defensas se han derretido ante un capítulo donde la discusión sobre la naturaleza humana y el terror de la vieja escuela se dan la mano. Una enorme lección sobre las apariencias y la solidaridad.

Así que ahí seguimos, hacia los dos últimos episodios….

Imagen | Megaestrenos