Arte

Viajar atrás en el tiempo

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Hacia el año 2500 a.C. se levanta en el Valle de Guiza una de las construcciones colosales del Imperio Antiguo en Egipto. La mirada de la mítica esfinge de Guiza, eterna guardiana y protectora del complejo funerario, nos da la bienvenida a un espectáculo excepcional. La pirámide, que serviría de tumba al faraón Kefrén, cuarto rey de la IV Dinastía, fue sólo tres metros más baja que la mítica Pirámide de Keops. Sin embargo, parece más alta, ya que se construyó a propósito sobre una elevación y conserva íntegro el revestimiento de piedra caliza en su cúspide.  Sólo con observarla en la lejanía podemos hacernos una idea de la magnificencia faraónica, de una época gloriosa que despierta nuestra admiración miles de años después. Ahora, después de tres años de restauración, tenemos la oportunidad única de observarla también por dentro.

Junto con la pirámide, se abren al público otras seis tumbas de altos cargos faraónicos, con un gran valor histórico y artístico. Las labores de restauración se han basado en la manutención y ventilación de los pasillos y la cámara funeraria. Era necesario limpiar la ornamentación, que se ensucia por la constante presencia de turistas. Una de las nuevas tumbas que podrá visitarse es la de Merensakh III, que fue nieta del faraón Keops y esposa de Kefrén. Es una preciosa mastaba, excavada en la roca y que conserva bellas esculturas de la reina.

Desde la revolución del 2011, el gobierno egipcio ha tenido serios problemas para financiar los trabajos  arqueológicos, sobre todo por la falta de turistas. Con estos proyectos, los egipcios esperan que se pueda conservar un patrimonio fundamental para la humanidad, y que esta vea de nuevo la grandeza que esconde su país, que va más allá de las pirámides.