Cine y TV

Wall-E o el aprendizaje de la humanidad

Al hablar de Pixar es importante hacer una diferencia entre “películas infantiles” y “peliculas que también le gustan a los niños“. Las primeras, como Shrek o Madagascar acusan de un infantilismo narrativo para tranquilizar la conciencia de los padres (esto lo entiende el nene) y de un humor elemental (pedos, pastelazos y coreografías ridículas sobre canciones de los 80-90) para entretener a los padres mientras sus crías se atiborran con una sobredosis de azúcar.

Las películas de Pixar, en cambio, son apuestas de riesgo que en su complejidad conceptual, tan bien entramada, lo mismo fascinan a un cinéfilo que a un niño de cinco años. Y es que cada filme de la factoría de Lasseter propone un mundo llevado hasta sus últimas consecuencias visuales: el universo a raz de la rodilla de Toy story, la épica minuciosa en el espacio de un jardín en Bichos, la insólita fábrica de temores de Monster Inc., la búsqueda frenética en la atmósfera amniótica de Buscando a Nemo, el mundo forjado en metal de Cars, los sabores convertidos en un nuevo lenguaje en Rattatouille

Cada uno de estos mundos es el escenario donde personajes, cada vez más entrañabales, nos dan lecciones sobre la belleza y la dureza de la vida: el fin de los afectos en Toy story 2, la amargura de la paternidad en Buscando a Nemo, el reconocimiento del talento y la identidad en los diferentes en Rattatouille.

Y, ahora, el aprendizaje de la humanidad en Wall-e, en el centro de una tierra devastada.

Wall -E (Andrew Stanton; EEUU, 2008), como ya se ha dicho y repertido por todas partes, es un pequeño triturador de basura con ruedas y ojos, y el último androide en una Tierra arrasada por los desechos del consumismo y la contaminación que continúa, 700 años después del abandono del planeta por la humanidad, su lenta tarea de levantar rascacielos de basura compactada. Como todo basurero chaplinesco, tiene una mascota (una adorable cucaracha), salva pequeños tesoros (un cubo de rubik, tenedores de plástico, muñecas…) que clasifica obsesivamente y sueña con un amor ideal al son de las canciones de Hello Dolly (sí, nada de Ricky Martin ni de Shakira).

La primer mitad de la película es una maraviloso tour de force con un pequeño actor digital que sólo necesita tres palabras (su nombre, Eva y planta) para dar una cátedra de actuación y obsequiar con momentos conmovedores.

Y es que en el tema de Wall-E es aquello que nos hace humanos, lo que vuelve humana a una trituradora de basura: los afectos, los gestos, las pequeñas rutinas, el ideal amoroso, la inconsurable pena de sabernos solos… Nada  la escena donde Wall-E muestra sus joyas a su visitante (un androide inexpresivo y maquero que ha vuelto para buscar signos de vida en la Tierra) para enamorarla. Eso por lo que vale la pena vivir: plástico de burbujas para pinchar, un encendedor, un cubo de Rubik, una pequeña planta…

Si en Blade Runner, Roy, el replicante, reclama su derecho a la humanidad declarando “He visto cosas que ni si siquiera imaginarías…“, Wall-E la encuentra en la basura, pero sabe que esa felicidad no tiene sentido sin alguien con quien compartirlo.

Wall-E es una obra que resuma bondad en cada fotograma. Va a contrapelo del momento cinematográfico que vivimos, y por ello es lo más cercano al cine que hemos visto este año.

Wall-E se estrena el 6 de Agosto en España.

 

  • http://ludusvitalis.blogspot.com/ Hamletmaschine

    Que resistencia inicial sentía para ver este filme… y es una crítica muy adversa y ésta las que me convencen de asistir y crearse una opinión propia. El cartel no expresa lo que se ha traslucido en las lecturas, de hecho me repelía en exceso, con sus referentes a esos robots simplones tan de moda hace unas décadas.

    Creo que Pixar logra ser emocional justo antes de ser sentimental(oide), se ve desde su primer corto, este de un trenecito de juguete que interactúa con un bebé. Recuerdo cuando lo vi, hace unos 20 años ya (?) me invadió un presentimiento de deslumbramiento y pérdida (parecido a cuando vi Blade Runner por primera vez, c. 1987). El futuro estaba aquí. La realidad día a día no es la que se precede, todos el tiempo, en algún lugar ahora mismo se impone una nueva marca o se trasgrede alguna ley natural. Y el devenir es inocente, ese bebé en sus primeros pasos necesitaba ser cuidado. A veces el futuro llora muy fuerte.

    Gracias Óscar, saludos..

  • http://noemi.guzikglantz.com noemi

    Este es un excelente artículo, en el que además estoy completamente de acuerdo.

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