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X Files – (Mulder&Scully) = Fringe

X Files Mulderscully FringleA pesar de un desangelado (pero costoso) piloto, decidimos dar otra oportunidad a  Fringe, pues al final de cuentas nos gustaba eso de un grupo de científicos freakies luchando contra El Patrón (un cúmulo de acontecimientos sin lógica ni aparente relación que parecen atentar con la existencia de la humanidad), y tenemos fe en J.J. Abrahms.

Sin embargo, no llegaremos al episodio tres.

En esta segunda entrega de la primer temporada, nuestras peores sospechas sobre la serie se vieron confirmadas. A saber:

1)Así como Lost suma más de 50 misterios sin resolver, parece que en El Patrón cabe cualquier cosa (desde todo el pasaje de un avión que se licua en el aire hasta cyborgs de resina y progeria). Es decir: carta abierta para que los guionistas sumen los lugares comunes de la ciencia ficción sin hilo alguno pero pretendiendo que ahí detrás “hay una gran revelación por llegar“. A Lost le perdonamos esa falta de coherencia por el encanto de sus personajes. Algo que nos lleva al punto número dos.

2)La pareja protagonista de Fringle es otro de los muchos paralelismos entra la nueva creación de J.J. y X-Files (la serie seminal de Chris Carter) que no pueden pasarse por alto: ambos son opuestos (él, una especie de technoladrón; ella, modélica agente gubernamental; él, irresponsable; ella carga con la culpa de la muerte de su amante, etc.), pero (desgraciadamente) Gillian Anderson y David Duchovny eran y son Gillian Anderson y David Duchovny. Dos actores que además de su físico tienen una impronta propia y supieron dar a sus personajes una profundidad y encanto que sobrevivieron incluso a los peores episodios de la serie. En Fringle, ni Anna Torv ni Joshua Jackson parecen particularmente tocados por los ángeles de la interpretación. Hablan, corren, se asustan y sufren, pero no nos importan demasiado.

3)Fringe no sólo toma dos fotocopias de los protagonistas de X-Files y los llena de diálogos grandilocuentes y un clima de pretendida trascendencia, también retoma uno de los peores vicios de la serie de Carter: el miedo al cuerpo y a la sexsualidad. No es que el aire lovecraftiano del relato de este apocalípsis credado por las corporaciones no nos guste, pero nos tememos que el tema le queda grande a Abrahms, y un subtexto con tufillo moralino le sale por debajo de la alfombra: en este segundo episodios, una prostituta sufre un embarazo de gestación ultrarápida (con todas las consecuencias de rigor) y en algún momento un personaje declara que “los condones no son 100% seguros”. Los personajes que practican el sexo casual son duramente castigados (a la protagonista todo el tiempo el echan el cara su romance con su compañero muerto). Y, bueno, si quisieriamos lecciones de buen comportamiento no encenderíamos el televisor; iríamos a la iglesia.

Imagen | Apuf