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Y la antorcha se apagó

y-la-antorcha-se-apago.jpgY la edición 2008 de las Olimpiadas se terminó: el triunfo del oro Chino sobre Estados Unidos, y ambos con un amplio margen sobre Rusia. De España, su segundo mejor resultado en la historia (5 de oro, 3 de plata y 10 de bronce), sólo por debajo de las 13 medallas de oro de Barcelona, en contraste con el vacío del otrora punto fuerte nacional: el atletismo.

Y sí: la ceremonia de clausura fue lo que se esperaba. La fría precisión de una luminosa maquinaria compuesta por miles de personas, sincronizadas y anónimas. Los fuegos artificiales (esta vez sin agregados digitales), los tambores voladores (China parece tener un enorme aprecio por los cables), las coreografías infinitas…

Pero, y hay que decirlo, si hay algo que nos dejaron los Juegos Olímpicos de Beijing fueron preguntas. Algunas sobre China (las olimpiadas, lejos de servir como escaparate para mostrar la situación de los derechos humanos en esas latitudes, sirvieron para importar tecnologías que hicieron, si cabe, más perfecta la censura y el secretismo). Otras sobre las Olimpiadas mismas (el interés televisivo fue disminuyendo pavorosamente, una tendencia que viene de Atlanta).

Nos quedamos con dos cosa de esta ceremonia de Clausura: una es la única que nos emocionó. No por occidental, sino porque fue un remanso de calidez entre tanta humanidad negada en esos mosaicos imponentes pero más fríos que la arquitectura pekinesa. Sí, hablamos de los acordes de Whole Lota Love de Page, en el anuncio de Londres 2012.

La otra son las palabras de Zhang Yimou, el director de cine encargado de crear la apertura y la clausura(La casa de las dagas voladoras es su peli más conocida, cuya exquisita frialdad explica el tono de las ceremonias olímpicas de esta edición), en una declaración donde no sólo explica el por qué del éxito de sus ceremonias, sino que describe el futuro de China una vez que los ojos de Occidente y del mundo vuelven a lo suyo:

“Los derechos humanos hacen ineficiente a Occidente y no le permiten alcanzar los elevados estandars organizativos y artísticos de los que son capaces los chinos.[…] La ceremonia de apertura fue posible porque los ejecutantes obedecen las órdenes y son capaces de hacerlo como una computadora. Ese es el espíritu chino. […] Los occidentales, en cambio, no pueden hacer lo mismo a causa de su respeto por los derechos humanos. […] Los intérpretes occidentales de ópera sólo trabajan cuatro días y medio a la semana y se toman dos pausas al día para tomar café; por eso no están ben entrenados. […] Y además los actores y los cantantes occidentales tienen a su disposición todo tipo de organizaciones y sindicatos”.

Así que ya lo sabéis: os vamos a ganar el mundo por que tenemos el espíritu de una computadora, y sabemos que los derechos humanos son un estorbo.

Fuente | Winbledon

Imagen | ABC