Cine y TV

Zack y Miri hacen una porno

Zack Y Miri Hacen Una PornoNo exageramos del decir que la última película de Kevin “Clerks” Smith está entre lo mejor del año pasado, al lado de la muy entrañable Hijo de Ranbow y de la incomprendida Cloverfield, y que algún día deberá estar junto al estante donde permanece olvidada una de las grandes películas de Tim Burton: Ed Wood.

Y es que Zack y Miri hacen una porno (reducida a Zack y Miri por el peso de la censura en los EE UU y sin fecha de estreno en España e hispanoamérica) es una película de humor estatológico y brutal sobre la evolución del porno amateur (aborda con franqueza el fenómeno de las parejas que se ven obligadas a comerciar cintas íntimas por internet ante el embate de la crisis), pero también es una comedia romántica sobre (una vez más) las relaciones de amistad entre hombre y mujer, y (sobre todo) es un filme acerca del amor al cine.

Zack y Miri son dos treintañeros subempleados en una cefetería que viven juntos para pagar el alquiler y usan su amistad como un escudo contra las relaciones y el compromiso. Sin embargo, están en punto muerto y llenos de deudas, a punto del desalojo. La solución mágica: filmar una saga porno (Star Whores), llenarse de plata e iniciar una nueva vida. Para ello, reúnen un equipo de actores porno (cameos de actores porno verdaderos, incluyendo a la infame Traci Lords) y reconvierten al arquero de un equipo de hockey en camárografo. Sin embargo, las cosas no serán tan sencillas, pero los problemas de la filmación no serán nada cuando tengan que compartir una escena porno (sobre un montón de sacos de café) y poner a prueba los verdaderos alcances de su amistad.

Fuera de la sencilla trama (salpicada de gags y filosofía kevinsmitheana, que duela a quien le duela, demuetran que sí, se puede formar una sólida voz personal convocando a los fantasmas de la adolescencia perdida), decíamos que en el fondo Zack y Miri (no se preocupen: no vamos a repertir la palabra porno) es una muestra de amor al cine.

Desde la hilarante parodia de Star Wars hasta la actitud ferviente y apasionada que termina por tomar toda la crew en la filmación de la cafetería, esa de Hay que terminar esta película cueste lo que cueste, esta cinta habla del cine como una pasión incurable. Esa misma pasión ciega que guía los demenciales actos de los pequeños cineatas que emulan las aventuras de Silvester Stallone en El Hijo de Ranbow, la misma que mantiene la cámara de Hud funcionando durante el ataque de la bestia titánica de Cloverfield, la que llena cada una de las películas suecadas de Be kind rewind, la Fuerza que mantiene unida a la estrafalaria crew de Ed Wood.

El cine.

Y es que puede que. al final de cuentas, y con sus chistes e trazo grueso (si tienen el estómago débil les recomendamos que cierren los ojos después de que se menciona el mejor remedio contra el estreñimiento), y que a pesar del enorme encanto de Elisabeth Banks, Zack y Miri no sea una buena película, pero contiene la mejor definición sobre el acto del cine que hemos escuchado desde los tiempos de Bresson:

“Es algo que te permite conocer aquello que no podías ver por ti mismo, y  te cambiará la vida para siempre”.

Imagen |  Blog de Cine